Proteger la piel en invierno

Resumen de la cuestión

Proteger la piel en invierno

Buenos hábitos para proteger la piel del sol en invierno

En invierno debemos continuar con nuestros hábitos de protección solar, por ejemplo, utilizando una crema hidratante con FPS o añadiendo un FPS ligero a nuestra rutina de cuidado de la piel por la mañana. Es importante elegir una forma de protección que se adapte a tu estilo de vida y a tu ritmo: si pasas mucho tiempo al aire libre, puedes aplicarte más FPS, pero si trabajas en una oficina detrás de un ordenador todo el día, un FPS 15 aplicado una vez al día es suficiente. 

¿Cómo afecta el sol de invierno a nuestra piel?

El sol no se toma vacaciones. Está ahí todo el año, aunque un poco menos “agresivo” que en verano. En invierno, los rayos UVB responsables de las quemaduras solares disminuyen y son menos peligrosos, pero no es el caso de los rayos UVA, responsables del deterioro progresivo de la piel, del envejecimiento cutáneo y de la aparición de las antiestéticas manchas solares. También es importante recordar que los rayos UVA pueden llegar a las capas más profundas de la dermis y, por lo tanto, pueden ser responsables de los daños en el ADN que se observan en los cánceres de piel.

 

Tu piel debe estar protegida siempre que esté al aire libre durante más de 15 minutos, ya sea en una terraza o en la montaña. Para protegerte, la ropa adecuada y las gafas de sol también son importantes.

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Sol en la montaña: cuidado con el peligro

En la montaña, la piel está aún más expuesta a los efectos nocivos del sol debido a la altitud y a la luz solar reflejada. La nieve refleja los rayos UV, aumentando la cantidad de radiación que le llega: El 80 % de los rayos UV se reflejan en la nieve y golpean la piel con más fuerza.

También se reconoce que la cantidad de UV aumenta un 4 % cada 300 metros, lo que a una altitud de 3000 metros supone un 40 % más de UV que en la playa. Además, el entorno puede ser engañoso y no siempre da una idea objetiva sobre si se va a sufrir una quemadura solar o no: la piel está casi “anestesiada” por el frío y el viento, que dan una impresión de frescura, mientras que las nubes blancas filtran muy pocos rayos UV, aunque pueden hacer creer que el riesgo de quemadura solar es bajo.

En esta situación, se recomienda protegerse con gafas de sol y protector solar con un FPS alto (al menos 30) y renovar esta protección al menos cada dos horas, sobre todo si se esquía o se pasa mucho tiempo en el exterior.

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