Capital solar

¿Qué significa el término “capital solar”?

El término “capital solar” se refiere a la cantidad de luz ultravioleta que la piel puede tolerar antes de resultar dañada. Esta capacidad está determinada genéticamente al nacer y varía según el fototipo. Nuestro capital solar es limitado: a los 20 años, ya hemos agotado el 50 % de nuestra capacidad. El término “capital solar” también se refiere indirectamente al arsenal de defensas de que dispone la piel para luchar contra los efectos nocivos del sol, como quemaduras solares y envejecimiento de la piel. Se adquiere al nacer, no se puede renovar, y depende del fototipo de cada individuo. Cada tipo de piel tiene sus propias características y diferentes reacciones al sol. 

¿Qué afecta a tu capital solar?

El capital solar de cada persona depende de muchos factores.

Tu fototipo

Muy sensibles al sol, los fototipos claros (fototipo I y II) tienen un capital solar muy bajo. A diferencia de los tonos de piel más oscuros (fototipos IV o V), su intensidad de bronceado y la capacidad de los melanocitos durante su vida es restringida. Cuanta más melanina tenga un individuo de forma natural, mayor será el capital solar y mejor protegido estará el individuo contra el sol. 

Tu historia juega un papel importante

Las personas que han sufrido múltiples quemaduras solares durante la infancia ven disminuir su capital solar con el paso de los años, ya que los efectos del sol sobre la piel son acumulativos y la piel recuerda estas agresiones. Y cuidado con el efecto mariposa: una quemadura solar en la infancia puede convertirse en un cáncer de piel en la edad adulta. 

Tus hábitos de protección y exposición

Muy sensibles al sol, los fototipos claros (fototipo I y II) tienen un capital solar muy bajo. A diferencia de los tonos de piel más oscuros (fototipos IV o V), su intensidad de bronceado y la capacidad de los melanocitos durante su vida es restringida. Cuanta más melanina tenga un individuo de forma natural, mayor será el capital solar y mejor protegido estará el individuo contra el sol. 

El medioambiente

El estrés, el tabaquismo, la contaminación y una dieta pobre en antioxidantes favorecen la proliferación de radicales libres. Se trata de electrones libres que viajan por el cuerpo y son responsables del envejecimiento de la piel, contribuyendo a la sequedad de la misma y disminuyendo su capacidad de bronceado.

Los melanomas están directamente relacionados con el cuidado del capital solar

Aunque hay una variedad de factores (químicos, físicos, medicinales, nutricionales, virales), la exposición intensa y repetida de ciertas partes del cuerpo al sol parece desempeñar un papel activo en la aparición de melanomas. Por eso es importante protegerse del sol respetando las reglas de la exposición al sol y eligiendo una buena protección solar. Esto se aplica especialmente a las personas de los grupos de fototipos I y II, que son especialmente sensibles a los melanomas: la prevención por sí sola no es suficiente para retrasar la aparición de este cáncer de piel, que se encuentra entre los más graves. La exposición a la radiación ultravioleta tiene efectos acumulativos, lo que significa que se suman o acumulan con el tiempo. Los daños en la piel comienzan a una edad temprana y, aunque no sean visibles, aumentan a lo largo de nuestra vida. En general, se reconoce que se necesitan entre 10 y 15 años de exposición excesiva al sol para provocar un cáncer. ¡Así que cuida tu capital solar!

 

La incidencia del melanoma es directamente proporcional al número de quemaduras solares acumuladas durante la infancia, que es el momento de la vida en que la piel es más vulnerable a la radiación.

RESPONDEMOS A TUS PREGUNTAS

Cuando nuestra capacidad para resistir el daño solar disminuye, es como si te restaran puntos del carnet de conducir. Si quieres seguir disfrutando del sol con seguridad, tienes que estar atento. De hecho, hay que tener cuidado con la exposición excesiva al sol desde las primeras etapas de la vida. Pero nunca es demasiado tarde para hacerlo bien. Prevenir de los riesgos relacionados con el sol requiere fotoprotección, es decir que requiere una precaución constante a la hora de exponerse al sol, sobre todo respetar estrictamente algunas reglas de sentido común cuando se trata del sol: no permanecer demasiado tiempo al sol durante las horas de mayor intensidad de la luz solar, usar ropa, sombreros y gafas de sol con protección UVA, y utilizar un protector de FPS alto.

Desgraciadamente, no existe ningún método milagroso para aumentar la capacidad de resistencia al daño solar y la capacidad de la piel para broncearse. Tu capacidad para resistir los daños del sol depende de tu tipo de piel, de tus hábitos de exposición y de la exposición a los rayos UV ya acumulada por tu piel. Dicho esto, para disfrutar del sol durante más tiempo, se pueden adoptar buenos hábitos desde una edad temprana: combinar la ropa y la protección solar, evitar la exposición en las horas más calurosas del día, calmar la piel después de la exposición al sol y preparar la piel antes de salir al sol, especialmente exfoliando para potenciar el bronceado.

Las quemaduras solares ya son una fuerte señal de tu piel de que no la has protegido. Los primeros signos de envejecimiento de la piel, las arrugas y las líneas de expresión, la falta de luminosidad y la pérdida de elasticidad son señales de que la piel ya no tolera la exposición a los rayos UV y de que se ha agotado su capacidad de resistencia al daño solar. Esto se debe a que estos signos están relacionados con la ralentización del metabolismo de las células de la piel y los ataques repetidos de los radicales libres debido a la exposición a los rayos UV. La aparición de un melanoma o de cualquier otra forma de cáncer de piel es una señal aun más fuerte de que no debes exponer tu piel al sol en absoluto, y de que es imprescindible vigilar y proteger tus lunares.

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